Esta semana os dejo la versión (en inglés) de "We are going on a bear hunt" ("Vamos a cazar un oso") narrada Michael Rosen, autor de la adaptación y desde mi punto de vista un narrador excepcional. No cuento más ya que para después de verano prepararé un post más extenso con mi propia lectura incluida (¡que atrevida es la ignorancia).



Dejo de paso "No breathing in class", que me parece desternillante.


Si te gusta, deja tu opinión. Si no te gusta, deja tu opinión. si te gustaría que estuviera en español... ¿a ver si lo adivinas? Exacto ¡deja tu opinión!


La serpiente ha puesto sus ojos en el anciano y se lo comerá a no ser que este le presente un bocado mejor. Pedir ayuda al mosquito tal vez no haya sido la mejor idea.

Cuento tradicional chino adaptado por Margarita del Mazo y con ilustraciones de Roger Olmos, editado maravillosamente por OQO dentro de su colección "O". Aquí os dejo el enlace a la ficha realizada por la editorial.

La historia narrada es sencillamente genial, tanto para ser leída como contada. Ofrece momentos rimados que enriquecen el texto dándole ritmo y fuerza (se nota que Margarita del Mazo es narradora) y las ilustraciones de Roger Olmos amplían la historia y la llenan de pequeños detalles que permiten leer el libro una y otra vez (incluso, desde mi punto de vista, le aportan un puntillo "hardcore" que encantará a niños más mayores). Atención, porque la historia empieza ya desde las guardas.

En definitiva: una delicia para cualquier narrador con ganas de pasarlo bien. Otra maravilla de OQO, una editorial que se atreve a arriesgar y nos ofrece títulos diferentes y de gran calidad artística y literaria. Ahí va el cuento leído:




Había una vez tres feroces bandidos, de negra capa y negro sombrero. Eran tipos terribles... hasta que conocieron a la pequeña Úrsula.


Otro de los grandes clásicos de la literatura infantil, obra de Tomi Ungerer. Publicado por primera vez en 1961, ha sido constantemente reeditado desde entonces. En España está editado actualmente por Kalandraka, aunque la lectura que yo os dejo es de la editorial Susaeta (mi ejemplar, en cambio, está en francés, editado por L'ecole des Loisirs y es un incunable: pertenece a una edición en la que se censuró al borrachín de la página 33. No es que yo sepa francés, ojalá, pero lo compré cuando estaba descatalogado y para mostrar me vale).

Yo lo suelo contar con ayuda de los personajes realizados en cartón pluma. Los bandidos llevan imanes para colocarles las "herramientas de bandido" (cuando lo cuento, aunque la historia es sencilla y corta y se puede contar casi "de memoria", realizo siempre ciertos cambios como hablar de herramientas en vez de armas -tiene que ver con el hecho de que lo suelo contar para niñas y niños de educación Infantil- o como decir personas que se desmayan o tienen mucho miedo en vez de mujeres u hombres, que es como veréis que está en el texto leído).

A continuación, el cuento leído:


Aquí os dejo también el fantástico vídeo de animación realizado por Aura comunicación:


Finalmente, podéis leer la ficha preparada por la editorial Kalandraka.

¿Tienes hijos en edad escolar? Si la respuesta es “Sí” seguramente habrás recibido del colegio una bonita carta que puede que empiece con un “¡Enhorabuena! Ya hemos llegado al final de (1º, 2º…)” y acabe con un “¡Que lo paséis muy bien!”. Entre medias, y cito textualmente de la que tengo en mis manos, como “es tiempo para descansar, jugar y disfrutar del verano, pero tiempo también para trabajar un poquito y así no olvidar todo lo que hemos aprendido”, pues toma: dos páginas de “recomendaciones para el verano”: lengua, mates, inglés, science (cosas del bilingüismo), que si webs, que si apps, que si cuadernillos…

Que digo yo que el que recuerde con cariño los deberes del verano es que no tiene corazón.

Mi opinión sobre hacer deberes en vacaciones: yo personalmente no estoy de acuerdo, si a mí no me gusta hacer deberes en verano, entiendo que a los niños tampoco. Y la lucha diaria para que los hagan desgasta mucho a toda la familia. “Pero es que si no hacen nada se les olvida”, diréis. Pues claro, pero se les olvida a todos y así empiezan más o menos parejos en septiembre y no nos vamos dejando descolgados a todos los que no tienen detrás una familia con posibilidades achucho-educativas. Pero para que veáis que soy una persona sensata, aquí os dejo una opinión diferente. Y, de paso, un pequeño reportaje en La Ser:


Dicho esto,  voy a centrarme en uno de los temas estrella: la lectura.

Voy a arriesgarme: vuestra hoja recomienda leer todos los días un rato. Valgan como ejemplo los 20 minutos que recomiendan en mi cole para las niñas y niños de 6-7 años, lectura en compañía de un adulto y respondiendo al final preguntas de comprensión lectora (eso sí: nos dejan leer lo que queramos). Y luego copiamos algunos fragmentos.

Nada del otro mundo ¿verdad? 

Ahora coged vosotros “El tiempo entre costuras” (o “50 sombras de Grey”. O “Los pilares de la Tierra”. O…). Todos los días, después de desayunar me vais a leer 50 páginas, ni más, ni menos. Y luego me lo contáis. No, mejor me hacéis una redacción. Y las palabras que no conozcáis las copiáis 20 veces en el cuaderno.

No mola. Pues eso.

Hagamos un favor a nuestros niños y niñas: separemos la lectura-competencia básica de la lectura-afición al máximo posible. Pero como es muy fácil confundirlas, vamos a tratar a ambas con muuucho cariño, que para eso estamos de vacaciones.
Para la lectura-competencia propongamos que nos echen una mano para encontrar una calle, leer una receta, escribir a la abuela o hacer la compra. Mandemos wasaps a los amigos, dejemos notas en la nevera, estrenemos un juego con instrucciones sencillas… Una pequeña trola como “¿dónde habré puesto las gafas?” nos puede ayudar.

Para la lectura-afición aseguremos el cuento de antes de ir a dormir (o de la hora de la siesta, o de antes de ir a la playa…) pero no temamos saltárnoslo, que no es obligatorio. Inventemos historias para ellos o juguemos juntos a inventarlas, dejemos que nos cuenten cuentos, hagamos visitas a la biblioteca (¿conoces ya la biblioteca del pueblo donde pasas unos días de vacaciones?), paseemos con un libro en la mano y digamos al niño “Ahora es mi rato de leer” (implica sentarse y al menos hacer como que leemos), preguntemos “¿de que va?”, hablemos de lo mucho o lo poco que nos gusta, abandonemos el libro a medias.  Y nunca, nunca obliguemos a leer.

Mi mejor deseo: ojalá se estropee la televisión.

Postdata para que conste, por si a alguien le queda alguna duda: a mí me caen bien los profes. Mi familia está llena de profes. Yo misma soy una de ellos. Somos buena gente.

Ayer sábado tuve el gran placer de estrenar las actividades de la papelería Carlin Vallecas con un cuentacuentos de lo más intenso. Y, sí, papelería.

Contar en sitios nuevos siempre es un reto, pero si el sitio no sólo es nuevo para mí sino que a) es la primera vez que allí se cuentan cuentos, b) no es un espacio donde la gente esperaría que se cuenten cuentos y c) no es un espacio habilitado para narrar, pues... ¡NERVIOS INTENSOS!

En espacios inauditos e inéditos el mayor temor siempre es ¿habrá público? Uno espera cuentos en una biblioteca, en un pub con solera cuentera, en una librería infantil, en la Feria del Libro... pero ¿en una papelería? Pues señores: el espacio es chulo. Y es muy chulo porque Sergio y familia se lo han currado.

Al igual que el espacio, se curraron una intensa labor de promoción entre la clientela, usuarios de la tarjeta lector con que cuenta el negocio. Pero, como suele suceder con las actividades gratuitas, reservar no significa "voy seguro" sino "bueeeeno, hace calor y los niños están en la pisci... ¿teníamos algo que hacer esta tarde?". Es decir, que fuimos pocos: desde aquí agradezco a los creadores de whasapp que hayan puesto a disposición de la humanidad esta impresionante herramienta para convocar amigos. Y, por supuesto, mi gratitud eterna a las y los que respondieron a la llamada. 

Contar para poco público, curiosamente, es más difícil que contar para muchos. Todo se amplifica, cualquier fallo o pérdida de atención destaca mucho más. Y si además gran parte del público te conoce "de la vida real", si tu hija pequeña está entre el público y se enfada cuando te interrumpen o te pisan la historia o si tienes un toddler robándote el agua y de paso el protagonismo... En realidad, salimos todos muy bien parados. Que se noten las tablas. Sesiones así son de las que desoxidan, que es lo que yo necesito.

Elegí los cuentos de entre mis preferidos dentro de mi repertorio: El pez Arcoiris, En busca del beso y La ovejita que vino a cenar, con el extra siempre loco de Erase una vez (de éste haré una reseña en breve). Quien me haya visto contarlos verá que se parecen a los cuentos leídos, pero lo justo.

En fin, que para mí la experiencia fue intensa, me lo pasé estupendamente y hasta nos llevamos unos regalitos de papelería chulísimos (mi hermana y yo siempre quisimos tener una papelería, tanto nos gustan los papeles, los cuadernos, las pinturas... más que una librería, fíjate). En fin, que yo repetiría sin dudarlo.

Un beso a Paloma y Carla, a Irene, Roberto, Yolanda e Ignacio, a Pili, Hugo y Nathan (¿lo he escrito bien?) y resto del público. Muy bien todos, sois un público estupendo. Y a la organización: mil gracias.
Arcoiris es el pez más hermoso del océano, con sus preciosas escamas de mil colores. Pero a pesar de su belleza se siente muy solo. ¿Por qué los demás no quieren jugar con él?

Uno de los grandes álbumes clásicos, escrito e ilustrado por Marcus Pfister y editado en España por Beascoa. La primera edición es de 1998 y sigue reeditándose año tras año.

Este título es toda una referencia en Educación Infantil, tanto en primer como en segundo ciclo, no hay niño que no lo conozca y se utiliza como punto de partida para trabajar aspectos que van desde los colores hasta la importancia de compartir.

El personaje forma parte de una serie (El pez Arcoirirs y la cueva de los monstruos, El pez Arcoiris descubre el mar profundo...).


Así leído quizá a algunos os pasará como me ocurrió a mí la primera vez que lo tuve en mis manos, que me  pareció un cuento empalagoso y al que se le veía el plumero educativo del "qué bonito es compartir", pero una vez trabajado para ser narrado es un cuento que da mucho juego, uno de mis favoritos y de los que más cuento.

Fuente: Editorial Juventud
Ya comenté en un post anterior algunas opiniones que me genera la propuesta de animación a la lectura que se suele hacer en el cole de mis hijas, así que hoy traigo una muestra de los resultados.

El otro día me traje a una amiguita de mi hija menor a comer a casa y a jugar un rato. Como ella terminó de hacer los deberes antes que mi hija, le comenté así de pasada "¿Quieres leer un cuento mientras esperas?" La respuesta fue muy clara: "No. No. NO QUIERO. NO ME GUSTA. YO YA HE HECHO LOS DEBERES!!!"

La reacción fue visceral. Le comentamos que por supuesto no era obligatorio, que era por si quería entretenerse un rato, incluso mis hijas aportaron su opinión, pero cada comentario nuestro elevaba la respuesta. Hablamos de una niña de la que según creo ya lee perfectamente.

Así pues, me senté en el suelo y disimuladamente empecé a leer en voz alta un cuento muy sencillo que habíamos sacado de la biblioteca y que mi benjamina disfruta leyendo de forma autónoma: "Pero papá", de la Editorial Juventud.

Y ahí sí: la niña se enganchó a la historia, buscaba ver las ilustraciones, aportaba su opinión, hacía preguntas... Disfrutó con el cuento.

Blanco y en botella, leche.

Cuando yo era pequeña aprendí a leer sin lecturas obligatorias. Sí, teníamos libro de lectura, con pequeños textos de tipo variado, cortitos, de complejidad supongo que creciente, del estilo del que usan ahora también en los coles, pero no nos llevábamos un libro de la biblioteca de aula para leer el fin de semana y hacer una ficha ni nadie me obligó a leer 15 minutos diarios como quien se toma una medicina prescrita por el médico. Y no me debió ir mal, mis padres siempre cuentan la anécdota de que no tenían ni idea de que yo sabía leer hasta que un día me lancé a leer los letreros que veía por la calle.

Empecé a acudir a la biblioteca del cole en sexto (apunto que yo soy de la EGB). La lectura salvó mi vida, o al menos mi sentido del yo, ya que mi timidez me dificultaba los recreos de comedor y con un libro en la mano daba igual que tus amigos comieran en casa. Creas fama de rara, pero ese ya es otro asunto.

En octavo tuve mi primera experiencia de lectura obligatoria: Tres cazadores en Siberia (mi ejemplar, en edición de la Editorial Noguer, sigue por ahí por casa). Me pareció infumable, así que sólo me leí el capítulo que me tocaba resumir y comentar. Todavía me pregunto que pensaría mi profe, porque saqué buena nota pero el resumen no tenía ni pies ni cabeza (me había tocado un capítulo de los de en medio).

(Años después me reencontré por mi cuenta con los tres cazadores... ¡y me encantó! Para que veas).

Este mismo repelús me lo dieron las lecturas obligatorias del instituto. Al menos nos las vendían bajo el pretexto de ser "literatura antigua": La celestina, el libro del buen amor, el quijote, las cartas de Larra, La busca... y la profe tenía la suficiente sensatez para no comprobar si lo habíamos leído completo. Eso sí, nunca me vi obligada a leer un libro de los que se suponía orientado a mi edad como las colecciones de títulos que preparan hoy en día las editoriales a la caza del lector cautivo. Muchas son novelas que realmente merecen la pena, pero a las que la obligatoriedad a menudo les roba la emoción. Y sí, alguno se engancha a la lectura con ellas pero...

Entonces ... ¿cómo animar a leer?

Quizá sea más fácil determinar como NO animar a leer. La lectura, la literatura, de ficción o de no ficción, prosa o verso, puede cumplir muchas funciones, pero si se busca descubrir a nuestros niños y niñas el placer de la lectura no puede nunca, nunca, ser obligatoria.

¿Eres profe? ¿Eres madre o padre? Cuéntame qué te parece o cómo lo haces.