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¿Tienes un cumpleaños, una visita a un amigo con hijos al que hace tiempo que no ves, un "porque hoy es hoy" cualquiera y quieres regalar un libro a un niño o una niña, o vas a pasar por la biblioteca sin el peque destinatario y no sabes cómo elegir?

Aquí va un truco que funciona especialmente con lectores autónomos de entre 8 y 12 años: elige un libro en el que el protagonista tenga entre uno y dos años más que el niño o la niña en cuestión. Y viceversa: si abres un libro y no sabes para que edad está destinado, mira la edad de la niña o el niño protagonista y resta (muchas editoriales lo suelen marcar, aunque otras parece que han descubierto que si no lo ponen amplían el espectro de posibles lectores y, por ende, compradores).

¿El protagonista no dice su eda? ¡Aaaah!

Acertar con la edad es uno de los pasos, ya iremos dando más.

¿Tienes hijos en edad escolar? Si la respuesta es “Sí” seguramente habrás recibido del colegio una bonita carta que puede que empiece con un “¡Enhorabuena! Ya hemos llegado al final de (1º, 2º…)” y acabe con un “¡Que lo paséis muy bien!”. Entre medias, y cito textualmente de la que tengo en mis manos, como “es tiempo para descansar, jugar y disfrutar del verano, pero tiempo también para trabajar un poquito y así no olvidar todo lo que hemos aprendido”, pues toma: dos páginas de “recomendaciones para el verano”: lengua, mates, inglés, science (cosas del bilingüismo), que si webs, que si apps, que si cuadernillos…

Que digo yo que el que recuerde con cariño los deberes del verano es que no tiene corazón.

Mi opinión sobre hacer deberes en vacaciones: yo personalmente no estoy de acuerdo, si a mí no me gusta hacer deberes en verano, entiendo que a los niños tampoco. Y la lucha diaria para que los hagan desgasta mucho a toda la familia. “Pero es que si no hacen nada se les olvida”, diréis. Pues claro, pero se les olvida a todos y así empiezan más o menos parejos en septiembre y no nos vamos dejando descolgados a todos los que no tienen detrás una familia con posibilidades achucho-educativas. Pero para que veáis que soy una persona sensata, aquí os dejo una opinión diferente. Y, de paso, un pequeño reportaje en La Ser:


Dicho esto,  voy a centrarme en uno de los temas estrella: la lectura.

Voy a arriesgarme: vuestra hoja recomienda leer todos los días un rato. Valgan como ejemplo los 20 minutos que recomiendan en mi cole para las niñas y niños de 6-7 años, lectura en compañía de un adulto y respondiendo al final preguntas de comprensión lectora (eso sí: nos dejan leer lo que queramos). Y luego copiamos algunos fragmentos.

Nada del otro mundo ¿verdad? 

Ahora coged vosotros “El tiempo entre costuras” (o “50 sombras de Grey”. O “Los pilares de la Tierra”. O…). Todos los días, después de desayunar me vais a leer 50 páginas, ni más, ni menos. Y luego me lo contáis. No, mejor me hacéis una redacción. Y las palabras que no conozcáis las copiáis 20 veces en el cuaderno.

No mola. Pues eso.

Hagamos un favor a nuestros niños y niñas: separemos la lectura-competencia básica de la lectura-afición al máximo posible. Pero como es muy fácil confundirlas, vamos a tratar a ambas con muuucho cariño, que para eso estamos de vacaciones.
Para la lectura-competencia propongamos que nos echen una mano para encontrar una calle, leer una receta, escribir a la abuela o hacer la compra. Mandemos wasaps a los amigos, dejemos notas en la nevera, estrenemos un juego con instrucciones sencillas… Una pequeña trola como “¿dónde habré puesto las gafas?” nos puede ayudar.

Para la lectura-afición aseguremos el cuento de antes de ir a dormir (o de la hora de la siesta, o de antes de ir a la playa…) pero no temamos saltárnoslo, que no es obligatorio. Inventemos historias para ellos o juguemos juntos a inventarlas, dejemos que nos cuenten cuentos, hagamos visitas a la biblioteca (¿conoces ya la biblioteca del pueblo donde pasas unos días de vacaciones?), paseemos con un libro en la mano y digamos al niño “Ahora es mi rato de leer” (implica sentarse y al menos hacer como que leemos), preguntemos “¿de que va?”, hablemos de lo mucho o lo poco que nos gusta, abandonemos el libro a medias.  Y nunca, nunca obliguemos a leer.

Mi mejor deseo: ojalá se estropee la televisión.

Postdata para que conste, por si a alguien le queda alguna duda: a mí me caen bien los profes. Mi familia está llena de profes. Yo misma soy una de ellos. Somos buena gente.

Fuente: Editorial Juventud
Ya comenté en un post anterior algunas opiniones que me genera la propuesta de animación a la lectura que se suele hacer en el cole de mis hijas, así que hoy traigo una muestra de los resultados.

El otro día me traje a una amiguita de mi hija menor a comer a casa y a jugar un rato. Como ella terminó de hacer los deberes antes que mi hija, le comenté así de pasada "¿Quieres leer un cuento mientras esperas?" La respuesta fue muy clara: "No. No. NO QUIERO. NO ME GUSTA. YO YA HE HECHO LOS DEBERES!!!"

La reacción fue visceral. Le comentamos que por supuesto no era obligatorio, que era por si quería entretenerse un rato, incluso mis hijas aportaron su opinión, pero cada comentario nuestro elevaba la respuesta. Hablamos de una niña de la que según creo ya lee perfectamente.

Así pues, me senté en el suelo y disimuladamente empecé a leer en voz alta un cuento muy sencillo que habíamos sacado de la biblioteca y que mi benjamina disfruta leyendo de forma autónoma: "Pero papá", de la Editorial Juventud.

Y ahí sí: la niña se enganchó a la historia, buscaba ver las ilustraciones, aportaba su opinión, hacía preguntas... Disfrutó con el cuento.

Blanco y en botella, leche.

Cuando yo era pequeña aprendí a leer sin lecturas obligatorias. Sí, teníamos libro de lectura, con pequeños textos de tipo variado, cortitos, de complejidad supongo que creciente, del estilo del que usan ahora también en los coles, pero no nos llevábamos un libro de la biblioteca de aula para leer el fin de semana y hacer una ficha ni nadie me obligó a leer 15 minutos diarios como quien se toma una medicina prescrita por el médico. Y no me debió ir mal, mis padres siempre cuentan la anécdota de que no tenían ni idea de que yo sabía leer hasta que un día me lancé a leer los letreros que veía por la calle.

Empecé a acudir a la biblioteca del cole en sexto (apunto que yo soy de la EGB). La lectura salvó mi vida, o al menos mi sentido del yo, ya que mi timidez me dificultaba los recreos de comedor y con un libro en la mano daba igual que tus amigos comieran en casa. Creas fama de rara, pero ese ya es otro asunto.

En octavo tuve mi primera experiencia de lectura obligatoria: Tres cazadores en Siberia (mi ejemplar, en edición de la Editorial Noguer, sigue por ahí por casa). Me pareció infumable, así que sólo me leí el capítulo que me tocaba resumir y comentar. Todavía me pregunto que pensaría mi profe, porque saqué buena nota pero el resumen no tenía ni pies ni cabeza (me había tocado un capítulo de los de en medio).

(Años después me reencontré por mi cuenta con los tres cazadores... ¡y me encantó! Para que veas).

Este mismo repelús me lo dieron las lecturas obligatorias del instituto. Al menos nos las vendían bajo el pretexto de ser "literatura antigua": La celestina, el libro del buen amor, el quijote, las cartas de Larra, La busca... y la profe tenía la suficiente sensatez para no comprobar si lo habíamos leído completo. Eso sí, nunca me vi obligada a leer un libro de los que se suponía orientado a mi edad como las colecciones de títulos que preparan hoy en día las editoriales a la caza del lector cautivo. Muchas son novelas que realmente merecen la pena, pero a las que la obligatoriedad a menudo les roba la emoción. Y sí, alguno se engancha a la lectura con ellas pero...

Entonces ... ¿cómo animar a leer?

Quizá sea más fácil determinar como NO animar a leer. La lectura, la literatura, de ficción o de no ficción, prosa o verso, puede cumplir muchas funciones, pero si se busca descubrir a nuestros niños y niñas el placer de la lectura no puede nunca, nunca, ser obligatoria.

¿Eres profe? ¿Eres madre o padre? Cuéntame qué te parece o cómo lo haces.
http://mercedeshuertas.blogspot.com.es/
Cada vez que voy a una reunión de padres del colegio de mis hijas el mismo rollo: "para que desarrollen hábitos lectores tienen que leer todos los días por lo menos 10 minutos" (o 15, o 20, según van creciendo crecen también los minutos). Me subleva. Antes intentaba aportar mi opinión (no se si experta, pero sí con fundamento, incluido un master en Promoción de la lectura) pero ya lo he dejado por imposible, no hay manera de que los profesores se atrevan a decir que obligar a leer es lo mejor que podemos hacer para que nuestros hijos... odien la lectura.

Y mira que hay cosas que se pueden hacer si de lo que se trata es de mejorar las destrezas lectoras: llevar la lista de la compra, jugar a leer anuncios por la calle, escribirnos notitas... pero no, tiene que ser tomar un libro que le guste al niño y hacerle leer. Eso cuando además no piden una ficha, un resumen, un trabajo... ¡Que la literatura es otra cosa!

Es muy fácil: dile a un adulto que cuando se acabe la novela tiene que hacer una ficha. Como mínimo te mira raro. A mí como me insistan dejo el tocho.

Mi hija mayor es una gran lectora. Aprendió a hablar muy pronto y la lectura y la escritura nunca fueron problema para ella. Desde muy pequeña lee muy bien y con entonación. Leer es una de sus pasiones y muy a menudo hay que decirle "¡Deja ya el libro!".

Mi hija pequeña es completamente distinta. Es de las pequeñas de su clase y eso siempre se ha notado, pero no siempre los profesores lo han tenido en cuenta. A finales de curso de primero de Primaria todavía silabea un tanto. Si los deberes de lengua incluyen un texto para comprensión lectora, se desanima. Y entonces ni lectura ni deberes. Pero la profe insiste en que es obligatorio leer 15 minutos al día ¡o más!

Pues no. Su madre que soy yo ha optado por no torturar a la niña con la lectura. La lectura en casa es un placer y si eso implica que le lea cuento que trae los viernes como lectura obligatoria (¡con ficha!) pues se lo leo. Y también le leo si hace falta los textos largos de los deberes (o se los releo después de leerlos ella). Y, por supuesto, el cuento de por la noche. Que eso implica que va un poco por detrás de la media de su clase, pues bueno: ya llegará. Por desgracia, otros van peor y no tienen apoyo ni en casa (porque hay circunstancias muy duras) ni en el cole con tanto recorte.

Hay tiempo para el desarrollo de las destrezas lectoras (peste de leyes educativas, con sus prisas, con lo eficiente que sería respetar los ritmos). Pero si perdemos el tren del amor por la lectura, si conseguimos que a los 6 años ya no tengan ganas de leer luego es mucho más difícil. Porque hay que tener claro que leer es en realidad una actividad muy compleja, difícil y que para los peques, mal llevada, puede producir muchos sinsabores. Pero tratada con mimo es apasionante.

Lector, lectora ¿tienes alguna opinión, estrategia... que te apetezca compartir?